Según los últimos datos que tenemos, en España, casi la mitad de los niños, son obesos o tienen sobrepeso; los que más, los canarios y en segundo lugar, los andaluces. Y sin embargo no somos conscientes de lo que eso significa, o al menos, no lo parece. Hace ya bastantes años, informo a los padres de niños que me encuentro en esta situación, de los riesgos que ello conlleva, y los voy revisando, a veces con éxito y otras, sin él. Debe de ser una cuestión cultural el hecho de que no veamos en el niño “gordito” un niño enfermo, sino todo lo contrario, y probablemente tampoco tengamos derecho a intervenir en algo que libremente se ha elegido; pero me temo que, en este caso, la libertad para “elegir estar obeso”, no existe, sino que más bien, es una consecuencia de una actitud insana, o al menos poco sana, ante la vida. Unos estilos de vida poco saludables, dieta nada saludable y poco ejercicio físico, y que a medio o largo plazo tendrán unas consecuencias en salud para los individuos, y también para la sociedad, tendremos que gastar mas recursos sanitarios en atender a estas personas. Ya hay niños con este problema, en los que se han descrito enfermedades, que son propias de adultos obesos, como son la diabetes tipo 2, la hipertensión, y el síndrome metabólico.
No es solo el pediatra de primaria quien tiene que tomar cartas en este asunto; es la sociedad en su conjunto, con las autoridades sanitarias a la cabeza. En esa línea se encuentra la estrategia NAOS, y el Plan Integral para la Obesidad Infantil de Andalucía, conocido como PIOBIN. En estas dos estrategias o planes, se trata de integrar y responsabilizar a toda la sociedad, al sistema sanitario, pero también al sistema educativo, a los medios de comunicación, a las industrias de alimentación, y a la administración en su conjunto.
A pesar de todo eso, se echa en falta, o al menos eso pienso yo, una campaña informativa suficientemente contundente a la población, suficientemente clara; como se ha hecho con el tabaco (por ejemplo), sobre las consecuencias a medio y largo plazo, de una actitud pasiva en este tema. Aún tenemos escasa o nula conciencia de las consecuencias de la obesidad, y es un tema importante; damos importancia a cosas que en realidad no la tienen, o que forman parte del desarrollo y crecimiento normal del niño, por las que acudimos “de urgencia” a un servicio sanitario público y en cambio no damos valor a este tema, por el que deberíamos estar muy preocupados, y tomar medidas cuanto antes; ya que hemos permitido que la situación llegue hasta aquí, al menos intentar que no siga avanzando. Nuestros niños sufriran las consecuencias si no lo hacemos.
Es una pregunta que con relativa frecuencia nos hacen padres y madres angustiados. En no pocas ocasiones, en un servicio de urgencia hospitalario. A veces nos la hacen a los pediatras en consulta, a la que acceden con cita o sin ella, movidos por esa propia angustia que nos produce todo aquello que no conocemos y que por lo tanto no tenemos bajo control. Suelen ser lactantes que utilizan como forma de llamar la atención y como forma de comunicación; y los adultos tenemos que ser capaces de interpretar qué nos quieren decir. La mayoría de las padres, sobre todo las madres conocen a sus hijos y saben cómo interpretar lo que su niño le está comunicando. Conocen cuándo su niño llora por dolor, por hambre, porque quiere conseguir algo, porque se encuentra incómodo, o simplemente porque necesita cariño (la mayoría de las veces).
Con cierta frecuencia a los pediatras nos llegan padres y madres, que se han enterado por vecinos, amigos, abuelos, incluso médicos y otros entendidos en la materia; de que “la leche produce mocos”; y no solo no es así, sino que creerlo y aplicarlo con nuestros niños tiene riesgos de los que debemos de ser conscientes y cambiar nuestra creencia en este sentido, como se encarga en demostrar en 
Campaña "Internet en las consultas de Atención Primaria"